Cómo entrenar a tu Rocco parte 4: extinción

Hace mucho tiempo (o no tanto) mi perro Rocco no podía comer tranquilo. El vivía con el miedo de que su cola le fuera a robar la comida, o el perro que se reflejaba en el plato de aluminio (curiosamente idéntico a él). Aúnque tenía mucha hambre y de su boca escurría saliva porque ya tenía su plato de comida, él no podía comer porque eso implicaba bajar la guardia. Para proteger la comida se colocaba justo sobre el plato, con sus dos patas delanteras a cada lado del plato y su pecho justo encima. Sus músculos todos tenían que estar tensos a la espera de algún ataque y así poder reaccionar rápido.

Mi meta principal siempre fue extinguir ese comportamiento. Tenía (y aún tiene) muchos otros comportamientos no deseados, pero ese me pareció a mí el mas incómodo para él y para el resto de la familia.

Nadie podía estar cerca mientras tenía comida en su poder. Ese “mientras” duraba más de 40 minutos de estar inmovilizado y salivando con lapsos de atacar a su cola o al mismo plato; la comida salía volando por todas partes y aún así seguía cuidando su plato vacío.

Si as leído las otras partes de esta historia sabrás que lo primero que hice fue 1.- esperar a que lo superara por sí solo… No funcionó. 2.- Luego intenté darle su comida de mi mano… Funcionó parcialmente, comía pero seguía estresado. 3.- Luego intenté darle de comer de mi mano mientras caminamos por un parque y le pedía hacer cosas como sentarse, acostarse, caminar, etc. Esto funcionó muy bien, me tomó solo unes y el perro estaba comiendo sin estrés.

4.- Poco después comencé a darle puñitos de comida en el suelo. Si estaba tranquilo le iba dando más y más comida hasta que se terminaba toda. Y entonces me sentí el mejor entrenador del mundo y pensé: listo ya puede comer en la casa… Eso me ganó una mordida más y el castigo más duro fue volver a ver al perro asustado defendiéndose de todo lo que se mueve.

De regreso a comer de mi mano, otra vez a los puños de comida por un rato y luego nos graduamos 5.- comer media porción servida en un montón en el suelo. Y de nuevo pensé que era el mejor entrenador del mundo… Otra mordida 😔

Otro mes y 5.- Rocco tiene dos semanas comiendo su porción completa de un gran montón en el suelo. Ahora le toma 5 minutos comer y le sobran 55 minutos para caminar, olisquear, renovar marcas olorosas por todo nuestro territorio y cuando tiene oportunidad… revolcarse en cosas que huelen muy mal.

Hoy comió 3/4 de su comida y el resto se di justo afuera de la casa. La meta final es que coma toda su porción dentro de la casa.

Ahora sé que los perros tienen que aprender un comportamiento cada vez que algo cambia. Si tu perro aprendió a sentarse dentro de la casa, cuando esté en otro lugar puede que cuando digas “siéntate” el ni idea tenga de lo que quieres. También he aprendido que la vez que Rocco intentó morderme la cara, no lo logró porque en realidad no quería lastimarme. Cuando quieren lastimar lo hacen.

Últimamente he estado escuchando al doctor Ian Dunbar… Good stuff

http://www.dogstardaily.com

Te amo…

¿Te amordido un perro?

Las aves, las arañas, los gatos, los caballos, los burros, y los perros también muerden. Los perros al ser depredadores carnívoros poseen una poderosa mordida. Están equipados con grandes colmillos y unos músculos diseñados solamente para morder, normalmente solo escapas de las mandíbulas de un perro cuando el quiere.

¿qué hacer si te muerde un perro? si la mordida que tienes logró romperte la piel y la herida es visiblemente profunda, cuando menos como un raspón… será necesario que te pongas vacunas. Una contra el tétanos (si es que no tienes ya el esquema completo, el cual se debe renovar cada 10 años) y la vacuna contra la rabia.

Hay factores que se tienen que tomar en cuenta, para determinar el nivel de riesgo. Si el perro que te mordió es tuyo, te mordió por una razón en especifico y ademas no ha estado mostrando cambios de comportamiento recientemente es casi seguro que no te va a contagiar la rabia. En cambio si el perro que te mordió lo acabas de recoger de la calle, vive en la calle o simplemente no es tuyo, entonces no sabemos casi nada del perro y el nivel de riesgo aumenta un poco. Si el perro muestra conductas erráticas, espasmos involuntarios, agresividad sin provocación aparente, el riesgo aumenta significativamente y es imperativo que te pongas la vacuna contra la rabia lo más pronto posible. En cualquiera de los otros casos igual hay que ponerse la vacuna pero no hay por que asustarse tanto.

Curiosamente en el estado de Nuevo León, hace mas de 30 años que no hay un caso de rabia, por lo cual, acá es relativamente seguro ir a que te muerda un perro sin temer ninguna consecuencia; no es tan seguro si vas a que te muerda un mapache, un coatí, murciélago o cualquier otro animal silvestre.

El hecho de que en Nuevo León no hay rabia en animales domésticos ha hecho que conseguir la vacuna para una emergencia sea un poco complicado.

Si viven en la ciudad de Monterrey pueden acudir a:

CENTRO DE SALUD TERMINAL
Félix U. Gómez 1700 Norte
Monterrey, N.L., MX
C.P. 64580
Tel: (81) 83723876
Horario: Lunes-Domingo de 8:00 AM a 8:00 PM
Servicios médicos: Medicina General, Estomatología, Ginecobstetricia, Medicina Interna, Pediatría, Psicología
Jurisdicción Sanitaria: 2
CLUES: NLSSA003655

http://www.saludnl.gob.mx/drupal/terminal

Como entrenar a tu Rocco parte 3: Ahuyentando al transporte escolar

Todas las mañanas, de Lunes a Viernes a las 6:30 A.M. llega el primer enemigo… un gran monstruo blanco con rayas azules y amarillas, Rocco siempre está atento para hacer todo lo que está en su poder para ahuyentarlo. Primero se escucha el rugido del monstruo cuando se estaciona frente a la casa del vecino con su hocico frente a la nuestra; entonces Rocco despierta y se pone de pié y se para justo en medio de la cochera, el monstruo grita! “Piiiiip-Piiiiiiip” Rocco enfurecido comienza a ladrar con todas sus fuerzas y el monstruo pareciera que ni se da cuenta, entonces Rocco intenta asustarlo corriendo hacía el portón de la cochera y saltando contra el para hacer mucho ruido y aparentar que quiere atacar al monstruo. Entonces, el monstruo se come a la hija del vecino por un costado de su panza y se aleja. Rocco lo sigue, ladrando y saltando para que ni se le ocurra volver… ya que logró ahuyentarlo, se queda tranquilo y feliz de que una vez más logró espantar a esa bestia que todos los días se come a la hija del vecino. A las 7:30 A.M. todos sabemos lo que va pasar… el otro monstruo está por llegar, este tiene la piel color amarillo con rallas negras y viene por la hija del vecino de enfrente. Rocco aplica las mismas técnicas infalibles para espantarlo. Al practicar dos veces al día, cinco días a la semana Rocco es un experto en ahuyentar a los “monstruos come niños”.

Desde hace ya más de tres semanas, se nos ocurrió ayudar a Rocco con los monstruos. Ya sabemos a que hora atacan, entonces preparamos premios de pollo cocido para Rocco y esperamos pacientemente. Al escuchar los rugidos hay que salir rápido y pedirle a Rocco que se siente y en cuanto hace caso le pagamos con un trozo pequeño de pollo; pronto se escucha el grito del monstruo (Piiiip-piiiip), si Rocco se queda quieto sin hacer nada le pagamos con pollo. si no se aguanta y sale corriendo a ladrar, vamos por el y tratamos de distraerlo. En cuanto vemos el menor indicio de que se está aguantando las ganas de ladrar, le pagamos un trozo de pollo.

En un par de semanas Rocco ha aprendido que para ahuyentar a esos monstruos, con el miedo que nos tienen basta…

La próxima batalla será contra los jinetes con casco y sus monstruos de dos ruedas que llegan todas las noches en horas aleatorias y atacan casas al azar…

Reporte de Carrera Maratón LALA 2019

Cuando vi la convocatoria en por ahí de Noviembre de 2018 tenía mucha ilusión de correrla, pensé que tendría todo diciembre y enero para recuperarme del 50k Mariposas y complementar con varios entrenamientos de calle… Las circunstancias de la vida y mi falta de disciplina culminaron en que no tenía nada de preparación para esta carrera. Solo tenía las ganas de correr, buena salud y toda la ilusión de correr en mi desierto. Recorrer las calles de Gómez, Lerdo y Torreón, como si nunca me hubiera ido…

El 2 de noviembre compré mi Bib (El número para competir en la carrera), desde ese día no dejé de pensar en la carrera y conforme se acercaba la fecha, a lamentarme porque no estaba entrenando como debía. De pronto ya era viernes y el domingo ya era la carrera. Pasaron muchas cosas durante 2018 y ahora tenemos 5 perros y 7 gatos que cuidar. Decidimos irnos el sábado a medio día para llegar a torreón por la tarde directo a recoger el kit y el número (así podríamos dejar a los animalitos bien comidos y todo limpio).

La carretera a torreón es algo aburrida pero gracias a eso se puede ir bastante rápido… Normalmente hago 5 horas para ahorrar combustible manteniendo la camioneta a 2500 revoluciones por minuto y solo gasto un cuarto de tanque, esta vez tenía miedo no de no llega a tiempo para recoger el kit así que solo hicimos 4 horas y me gasté medio tanque. Ya cuando estábamos a una hora comencé a cantar mi versión personalizada de la canción “Yo ya me voy a morir a los desiertos”. Algo así:”…nomas de pensar que tengo un maratón pendiente, nomas que me acuerdo, me dan ganas de llorar… Yo ya me voy a morir a los desiertos me voy dirigido….”. Pero no morí! pura pinchi publicidad me hago.

Recogimos el kit bastante rápido, a las 6 de la tarde ya no había tanta gente como el año pasado que fuimos a medio día. Compré mis geles para recarga de glucosa durante la carrera y nos fuimos a descansar.

En la noche estuvimos con mi filia apapachando a JayJay el perrito más viejo de la familia. Como a las 9 intenté irme a dormir y quedamos en que a las 5 nos levantábamos para irnos al arranque del maratón.

A las 5 nos levantamos y para las 6 íbamos en camino y la verdad es que ya era tarde, me extravié un poco porque para esa hora ya estaban cerrando muchas calles y nos tocó rodear. Al estacionarnos ya faltaban solo 15 minutos para el arranque así que me despedí y me fui corriendo. Del lado que llegue a la valla no había acceso a la zona de corredores y un compañero que estaba en la misma situación me dijo: “hay que dar la vuelta por el frente” y nos fuimos los dos medio corriendo medio trotando y antes de llegar al acceso anunciaron el arranque, 5…4…3…2…1… y comenzaron a correr los del frente. Y yo comencé a caminar porque 5800 corredores no se mueven tan rápido como uno creé. Me iba acercando a la línea de salida y recordé que no había preparado mi reloj así que lo puse a buscar señal de GPS antes de llegar a la línea de salida, el reloj estaba listo, apreté un botón y comencé a trotar lento mientras buscaba a mi familia. No logré verlos… Me sentí mal por eso pero tenía que concentrarme.

Y ya iba yo corriendo por Gómez, ciudad industrial… Algunas personas se despertaron temprano y salieron a ver a los corredores, para alentarlos y para ver a los que se disfrazan cada año de algo; un payaso de rodeo, unos vaqueros, un Batman, Huazon y un Superman. Trataba de mantener un ritmo lento (porque no había entrenado) al kilómetro reconocí a una compañera de la escuela y me pegué con su grupo de tres personas un par de kilómetros, después nos separamos. De pronto ya habían pasado 10 kilómetros, iba muy emocionado agradeciendo las porras y gritándole a la gente que nos animaba “ustedes son el maratón!” Así que ya casi al dar la vuelta en Lerdo ahí estaba el señor que saca su tanque de gas para darle con tubo para animarnos, está vez lo acompañaban unos niños disfrazados de tanque de gas… Supongo que eran sus nietos.

De regreso, esta vez sí tome vaselina para evitar las rosaduras (si funcionó). Antes de salir de Gómez rumbo al puente plateado se cumplen 15k y un señor festeja a mis espaldas con unos gritos. Yo me volteo y me detengo, le pregunto que como esta y el muy contento me dice que muy bien, que ha cumplido su meta de correr 15 kilómetros a su paso y sin parar. Le sonrío, lo felicito y le ofrezco un chocolate que me encontré tirado unos segundos antes de que escucharlo. El lo agarro sin pensarlo y me animó a seguir. Ya casi al llegar al monumento de la toma de torreón, el que marca el lugar desde donde Francisco Villa y sus dorados hicieron, alarde de la precisión de su artilleros, justo allí una muchacha que corría a un lado mio se emociona y me pregunta si ese ya es el puente planteado. Le confirmo y rápidamente me platica que ella es de la ciudad de México y siempre había querido correr el maratón LALA y nunca se imaginó que algún día estaría cruzando el puente de Gómez a Torreón. Al otro lado del puente, de la piedad Michoacán, vivía Gilberto el valiente… A no, eso es una canción.

Al terminar de cruzar el Río Nazas ahí estaba mi familia esperándome como habíamos acordado. Me dio un gusto enorme encontrarlos ahí. Me detuve a abrazarlos, a mi papá, a mi esposa y a mi hermanita. Arranqué de nuevo y al dar vuelta a una curva alguien gritó “vamos Uriel!” Volteé a buscarlo y encontré una cara conocida y le agradecí. Ahora me concentré más en ir lento porque me sentía bien pero no quería fatigarme, todavía faltaba mucho. Dulce y Buck (un perrito carismático) me seguían en la bicicleta y fuimos platicando un poco… Luego, sucedió lo que más he temido en los años que llevo corriendo en carreras… Me dieron ganas de hacer popó… Nooooo… Mantuve la calma y pensé que solo tenía que llegar a un baño como todos lo han hecho alguna vez. Unas señoras estaba ofreciendo cachitos de papel de baño y vaselina esta vez no tomé vaselina, solo un poco de papel de una señora, pero me conozco así que tome otro pedazo de otra muchacha más adelante. Así iba buscando un baño portable en cada curva, detrás de cada grupo de gente… Creo que corrí dos kilómetros con mis papelitos en la mano hasta que por fin después del kilómetro 21 encontré un baño. No está chido… Lo tuve que limpiar antes de hacer lo que tenía que hacer, sacrificando un poco de mi papel de baño (que no me sobraba). Al final todo salió bien y solo tuve que estar deteniendo la puerta porque la gente llega jalandole a madres y el primer cabrón que llegó me la abrió aunque si cerraba y tenía el seguro bien puesto. Después de algunas maniobras peligrosas y 5 minutos perdidos logré continuar la carrera. Ya corriendo por el bulevar independencia, recordé que ahí fue donde comenzaron mis problemas el año pasado, así que está vez a la menor molestia en mis rodillas caminaba un poco, me ponía hielo y seguía… Por ahí hay mucho ambiente y buenos abastos, Dulce y Buck seguían a mi lado. Cruzamos por el centro de torreón y llegando al kilómetro 30 ya sentía los estragos de las horas en las plantas de mis pies… Más adelante Dulce se fue a encontrarse con mis papás y Cinthya. Me preparé mentalmente para entrar a Torreón Jardín, esa parte es dura, ya es de tarde y el sol te da de lleno. Ya con 30 kilómetros de cansancio encima me cuesta más ignorar el dolor de los pies y comienzo un penoso proceso de caminar y correr por toda la curva del campestre. Acá la gente es un poco más opulente, pero echan porras igual que todos los que te vas topando en el recorrido por las tres ciudades. De repente Dulce me alcanza para decirme que Cinthya ya está lista con las vendas que le pedí y preparada para marcarme el paso en los últimos 4 kilómetros. Llegamos hasta donde está Cin, ya me tenía una silla lista y hielo, además, había un abasto con cerveza y me tomé un vaso. Todo el camino me había preocupado por hidratarme y alimentarme bien. Tanto que ya iba bien entripado de agua y bien lleno de comida, estaba listo para dar el último jalón hasta el bosque Venustiano Carranza. Me amarre las vendas en las rodillas y comenzamos, a 8 minutos por kilómetro, luego a 7:30. Entonces llegamos hasta donde estaba mi papá y mi mamá, me detuve a abrazarlos y seguimos. 7:10 minutos por kilómetro, así nos fuimos por toda la Juárez rumbo al bosque, ya en la vuelta al bosque tenía muchas ganas de detenerme y caminar, Cinthya me venía animando todo el camino y Dulce también, yo les quería decir “denle ustedes yo ahorita las alcanzo”. Pero no me dejaron, así seguimos hasta dar la vuelta completa al bosque y cruzar la meta junto con mi esposa…

Rápido me dieron mi medalla y me fui a sentar para quitarme las vendas… Eso fue un error, después de unos minutos ya muy apenas podía flexionar la rodilla izquierda con mucho dolor para ir a recoger mi playera, toalla y kit de recuperación…

En conclusión y comparando con el año pasado; fui más lento, pero me sentí menos lastimado (algunas horas después ya podía caminar medio bien). Este año me dieron menos nervios aunque en realidad no entrené… si no hubiera corrido eso me habría dolido más que mis pies y mis rodillas…

Como entrenar a tu Rocco parte 2: Guardianes del parque

El problema era que mi perro resguardaba su comida de forma exagerada y a veces atacaba mi zapato casi al terminar de alimentarlo.

Para resolver el problema, recurrí a intentar alimentarlo durante los paseos por la mañana y por la tarde.

A los 14 días logramos no tener incidentes de ataque a mis zapatos, ni de “congelarse” y ponerse serio.

Todas las mañanas muy temprano, me levanto agarro mi mochila de pasear perros; donde tengo todas las cosas que necesito para pasear un perro: correa, collar, bolsa con 3 tazas de comida, bolsita de premios con una taza de comida, clicker, bolsas para popó, 2 metros de cuerda de 9mm y un mosquetón.

El proceso:

  1. Levantase y ponerse ropa y zapatos de acuerdo al clima.
  2. Tomar la cuerda de dos metros de la mochila y hacer un cinturón haciendo un nudo bowline para amarrar la cintura y poner un nudo simple con haza en una punta para poder amarrar ahí la correa del perro con el mosquetón.
  3. Salir a con Rocco, poner la mochila sobre la mesa de afuera para sacar el collar, la correa, el clicker y la bolsita de premios.
  4. Esperar a que Rocco se calme y se siente para ponerle el collar y la correa.
  5. Salir a la calle y comenzar a darle comida poco a poco cada vez que hace algo que yo considero que está bien.

Si el perro me espera y me mira, hago un clic y le doy comida. Si el perro se sienta cuando hago la señal de sentarse, hago clic y le doy comida. Si el perro se espera sentado tranquilo mientras pongo más comida en la bolsita de premios, al terminar hago clic y le doy comida.

Así vamos caminando y dejando marcas de olor por todo el parque (nuestro parque ahora). Un día alguien arrojó una botella de vidrio desde afuera de la barda perimetral de la colonia y los dos salimos corriendo hacia donde se escuchaba que estaban las personas que lo hicieron. Se escucharon como niños y los asustamos. Ya que se fueron, seguimos renovando las marcas de olor de nuestro parque.

Empece a leer lo más rápido que pude el libro “Aggression in Dogs – Practical Management, Prevention & Behaviour Modification” escrito por Brenda Aloff. Aprendí que el primer paso era establecer una Marcador de Gratificación (lo que ya estaba haciendo con el clicker), un Marcador de No Gratificación. Esto me ayudaría a establecer un sistema de comunicación con Rocco. Así lo hemos estado haciendo y de pasada también le enseñé a acostarse.

Ya pasaron cinco semanas y Rocco hasta ahora se ha calmado muchísimo, incluso mientras estaba haciendo cuentas para saber cuantas semanas han pasado desde la última vez donde escribí sobre el problema de Rocco, me sorprendí porque ha mejorado tanto que pensé que ya habían pasado unos dos meses. Rocco ya sabe que un clic significa comida, y si hago el sonido “um-um” sabe que no le voy a dar comida y tiene que intentar algo más. También ya sabe acostarse cuando digo “abajo”, cuando voy caminando y el me sigue, se sienta en cuanto me detengo… Todo esto lo ha aprendido en un mes, sacándolo todos los días al menos una hora. Los dos hemos aprendido mucho y el ha logrado comer sin estrés.

Hoy hubo una lección de última hora…  habíamos ido al parque a hacer lo de siempre y a practicar que Rocco me ponga “atención” (cuando me mira a los ojos le hago clic y le pago con su comida), trato de distraerlo moviendo la comida en mi mano y la única forma de que obtenga esa comida es mirándome a los ojos. En fin ya habíamos regresado a la casa y estábamos afuera trabajando con la última bolsa de comida y de repente se me ocurrió tratar de hacerlo que se sentara derecho empujando su cadera con mi pie… lo hice una vez y se sentó derecho, me miró a los ojos (clic y pagué). Volvimos a intentarlo, se sentó de lado y trate de acomodarlo con el pie, no se acomodó, empujé de nuevo y nada, cuando quise hacer mi tercer intento entró en el ciclo de agresión a mi pie, y yo entré en modo “manejo y tratar de minimizar el daño”, de pronto se quedó mirando mi mano por un segundo y perdí una oportunidad de calmarlo, arremetió de nuevo contra mi zapato, Cinthya salió a tratar de ayudarme a distraerlo aplaudiendo y hablandole, me soltó un poco el pié y retrocedí lo que me dejó la correa y arrojé unas pocas croquetas al suelo cerca de el. Se puso a comerlas y cuando terminó le hice la señal de sentarse; se sentó y eso fue todo (clic y pago). Rocco estaba de regreso, como si nada hubiera pasado, como si no fuera el mismo perro que me estaba mordiendo el zapato hace unos segundos. Solo me miraba a los ojos intentando que le diera su clic y su premio. Seguimos con la sesión hasta que se nos terminó la comida.

Un check más a la lista de lecciones aprendidas “no debo empujarlo con el pié” (check!).

En conclusión, en un mes Rocco ha comenzando un camino en el que solo va a mejorar, creo que logramos salir de la espiral auto-destructiva en la que nos tenía el tratar de alimentarlo en un plato.

Dejo aquí una lista de cosas que me han ayudado:

Como entrenar a tu Rocco parte 1 – El problema

El 14 de Mayo de 2018 encontré un perro en la calle. Andaba afuera de mi trabajo; un perro muy bonito y juguetón que a todos andaba siguiendo, pero también bajaba a la calle y se paraba a la mitad esperando jugar con algún carro. No pude ignorarlo por algún motivo y decidí meterme a buscar algo con que amarrarlo (unas agujetas de mis tenis de correr fue suficiente). Ya amarrado le llamé por teléfono a mi esposa para pedirle que si podía llevar un perro perdido a la casa y además que sí podría salirse de su trabajo para llevarlo en la camioneta… Accedió, lo llevamos a la casa y se lo encargamos a Megan que lo recibió muy contenta. Por la tarde después del trabajo les dimos de comer y todo normal. Muchas semanas buscamos a sus dueños, lo paseamos dos veces al día todos los días y por fin me resigne a que no lo estaban buscando y decidí llamarlo Rocco Sifredi porque volteó a verme cuando dije ese nombre. El plan era buscarle un hogar donde pudieran tener un perro de trabajo.

Al día siguiente de llevarlo a casa, por primera vez vimos lo que parecía un pequeño problema. Les servi de comer y Rocco se enojó con su plato y lo atacó. Rego todas las croquetas y prosiguió a comer y de vez en cuando a enojarse con su cola. Así fue varias veces, rompió un plato, compramos otro, le servi el plato poniéndolo dentro de un cajón de madera para que no lo pudiera voltear con la pata. Así comió mas o menos bien un par de días. Hasta que se enfureció suficiente como para levantar el cajón de madera y hacerle unos agujeros con sus dientotes. Todavía no me preocupé, pero ya me comenzó a molestar un poco. Recordé que a JayJay muchos meses le di de comer en el suelo y me pareció buena idea quitar el plato de la ecuación. Le dejé sus croquetas en el suelo y me metí. Otra vez lo escuché gruñendo, ladrando y persiguiendo su cola. Entonces ya se me terminaron los trucos que yo conocía… Había conocido perros que al principio no me dejaban acercarme mientras comían, pero Rocco deja de comer por proteger el alimento.

Comencé a leer y a investigar casos similares y aún no he visto alguno… Rocco es algo peculiar: normalmente es juguetón e inquieto pero si le pones un plato lleno de comida se queda inmovilizado, se le caen hilos de baba, se coloca de modo que el plato quede justo entre sus patas delanteras y debajo de su pecho. Sus músculos de los hombros se tensan y entonces al primer movimiento de su cola grita y trata de morderla (a veces lo logra). Es un perro grande y sus gritos son ensordecedores… Nada lo saca de ese ciclo de gritar y atacar su cola o lo que sea que se acerque a su comida. La verdad me da miedo lo impredecible que parece todo el ritual.

Esas primeras veces que vi todo el ciclo de principio a fin, lo único que se me ocurrió hacer fue tragarme el miedo y comenzar a recoger las croquetas regadas una por una (las que estaban más lejos de él). Al verme juntar las croquetas el se pone a comer todas las que puede lo más pronto posible y poco a poco se las voy poniendo cerca en montones pequeños. Esto no es más que lo único que me queda por hacer una vez que todo se salió de control.

Leyendo libros y posts en internet sobre “resguardo de recursos”, encontre algunas sugerencias y comencé a darle de comer en su plato pero sin soltarlo, todo el tiempo sosteniéndolo y esto me funcionó bien hasta el punto de que comía bien si yo solo sostenía una orilla del plato con la punta de mis dedos. Durante estos ejercicios llegó a tirarme una mordida a la cara que logré esquivar, un par de veces me mordió el brazo sin hacer mucha presión. Solo trataba de asustarme para que no le quitara su plato de comida antes de terminar. Le perdí el miedo a las mordidas y seguimos trabajando. Y entonces llegamos a una variante nueva del problema… Comenzó a atacar mi zapato, gruñendole y mordiendolo… A veces llegó morderlo fuerte, sin lastimarme pero ya se sentía como una mordida de verdad. Recordando las veces que ha sucedido eso, siempre era casi al terminar su comida cuando estábamos cerca de la puerta que da a la calle y casi siempre yo lo veía ponerse “serio”, pero como ya estábamos por terminar el plato trataba de ignorar la señal y terminar pronto las últimas croquetas. De ahí pasamos a darle de comer directo de mi mano, y funcionó igual de bien que lo de sostener el plato, y ya nunca me mordió las manos. Pero, después de un mes los ataques a al pie izquierdo regresaron…

Ya pasaron 9 meses desde que lo encontramos y después de unos cuantos libros más; comenzamos un nuevo ejercicio… Le llevo su comida a sus paseos diarios y se la voy dando a cambio de caminar tranquilo, otro puñito a cambio de sentarse, un poco más por voltear cuando le digo su nombre, hasta que el termina su porción…

Apenas van tres dias, pero en ningún momento se me ha puesto serio y lo veo muy contento y tranquilo, disfrutando su comida sin estrés. Y Eso es todo lo que quiero para el…

Unas fotos que le tomé cuando lo amarre con las agujetas para buscar a su dueño que nunca lo buscó…

Zona Extrema-Guillermo Costecho (5.9?)

El jueves 19 de julio (ayer), mi esposa Cinthya me preguntó si quería ir a escalar saliendo del trabajo. Obviamente… puse cara de perro contento. Llegando a la Huasteca nos dirigimos directo a la Zona Extrema porque ahí hay unas rutas largas y yo quería trabajar en mi resistencia. Elegí dos rutas fáciles dos 5.9 y tentativamente subiría otra ruta más dificilita. La primera ruta salió bien y rápido. Para la segunda nos fuimos a la pared principal, la chida, donde aprendí a escalar y donde todas las rutas eran 5.8 si se me ocurría preguntar el grado hace uno 5 años. Es una grieta muy padre, en algunas secciones la piedra es parecida al mármol y no regala mucha fricción otras partes si dan fricción pero son totalmente planas casi sin ninguna debilidad o defecto que utilizar para agarrarse. Eso te deja con la grieta como única opción. Para enclipar la primera placa tienes que subir a un escalón alto, meter la mano en la grieta y cerrar la mano para formar un puño y este se queda bien atorado ahí dentro, con eso ya no te caes y puedes alcanzar la protección. Las primeras 4 placas tienes que hacer movimientos similares pero ya sin utilizar el puño, ahí lo que se tiene que hacer es meter la mano hasta los nudillos, juntar los dedos y girar un poco la mano para que los dedos se atoren la grieta. Para los pies vas encontrando algunos salientes de la pared en el filo de la grieta y otros en la pared de la derecha que tiene algunos huecos y regletas pequeñas. Ya para ese punto yo estaba pensando que la ruta no es de grado 5.9, ni de chiste. Me duelen los pies, me puse unas gatas (zapatos de escalar) que normalmente no uso porque me aprietan un poco. El pie izquierdo es el que más me molesta, los brazos ya los siento llenos de ácido láctico… Eso se calma rápido tomando descansos donde se puede. “Esta ruta no era tan difícil… O yo escalaba mejor?” Ya mi dedo pulgar está totalmente entumecido, duele aunque no lo use para pisar y cuando lo uso no logro sentir si ya está apoyado o no, así que me aseguro de que estoy pisando observando la posición del pie cuidadosamente. Comienzo a esforzarme para no pensar en el dolor, ya pasé la parte más dificil, no importa si las placas nuevas que pusieron están todas 15 o 20 centímetros más a la izquierda y más arriba, es la misma ruta solo tengo que aguantar. yo quería una ruta larga y estoy practicando aspectos importantes, resistencia (al cansancio y al dolor) “Tommy Caldwell aguantó dos noches colgado en Línea de Eleganza en Fitz Roy y sin sleeping bag, yo puedo aguantar un poco de dolor”. Me concentré en los movimientos que tenía que hacer para subir un poco, cada que subía un poco encontraba mejores agarres, hasta que llegue la reunión (el final de la ruta). Me quité el zapato izquierdo y sentí como regresaba la sangre a mi pulgar… Fue un buen entrenamiento y esa ruta no es un 5.9 😑

Un día normal

En un día normal nos preparamos para acampar, tratando de anticipar nuestras necesidades más básicas y también las de Megan y Rocco (nuestros perros). Salimos rumbo al destino que se nos antoja. En este día normal vamos a acampar en la huasteca, cerca de la Zona Extrema. Al llegar la noche sacamos nuestras lámparas y comenzamos a montar el campamento. Tenemos que amarrar a Rocco y a Megan porque Rocco es nuevo con nosotros y muy aventurero (Megan lo sigue a todas partes). Hay problemas a la hora de comer de los chuchos porque a Rocco le gusta proteger su comida a costa de todo. La noche no es nada fácil. Al estar cerca de la carretera descubrimos que por las noches hay bastante tráfico en la Huasteca. También hay perritos que acostumbran buscar comida; Rocco y Megan se ponen a cuidarnos con muchos ladridos. Los problemas siempre siguen su curso tan imparable como el agua y sólo tenemos que buscar las soluciones. Por la mañana Megan y Rocco despertaron muy tranquilos. Comenzaba a clarear el día a las 6 de la mañana y comenzamos a salir de las garras de los sleeping bags. Nos preparamos algo de comida y el resto de la mañana nos pusimos a escalar muchas rutas fáciles. Solo es un día normal con mi esposa y mis perros.

Antigua Laguna, ahora desierto

Cuando viajas por la carretera federal 40, en la sección entre Paila y Matamoros Coahuila; se puede ver el actual “desierto de Mayran”. Un infinito de tierra, cactus, gobernadora y viento. Si observas con cuidado hasta parece que se puede apreciar la curvatura de la tierra como cuando miras al océano desde la playa.

Antes de dirigirnos a ese misterioso lugar me dí a la tarea de investigar primero cómo llegar y después, si era seguro andar por allá. Nos preocupaban los narcos pero después de andar investigando un rato decidí que parecía seguro. Podíamos ir al pueblo más cercano y ver como estaba el ambiente por allá.

Tomamos la carretera libre de Monterrey a Saltillo, pasando por el libramiento y de ahi a la carretera Saltillo – Matamoros. Antes de llegar a la caseta de cobro “Plan de Ayala” nos salimos para seguir por la carretera libre de cuotas. Un poco más adelante vi un anuncio que decía “Dinosaurios” con un dibujo de un dinosaurio. Se lo comenté a Cinthya y ella gritó “¡vamos!” y yo frené rápidamente espejeando para todos lados y me di reversa unos 10 metros para entrar a la carretera que nos llevaría a “dinosaurios” ese camino nos llevó a un pueblo que se llama “Rincón del Colorado” donde el INAH y la UNAM establecieron un pequeñísimo Museo de Paleontologia. Allí vimos algunos fósiles y fotos de excavaciones que realizaron en la localidad donde encontraron magníficos especímenes que luego se llevaron para exhibirlos en algún museo de la Ciudad de México. Compramos unos cuantos fósiles pequeños a unas niñas y seguimos adelante. Pasamos por un campo eólico muy grande. En Paila compramos unos burritos y llenamos el tanque de gasolina por si las dudas. De ahí seguimos un poco más por la carretera hasta tomar el camino de terracería que llega al pueblo del ejido Talía.

En Talía encontramos un pueblo con calles de tierra muy limpias, con una escuela bonita y ordenada (al menos desde afuera), las calles están bien alineadas y las casa se ven todas muy bonitas con patios grandes cercados con ocotillo seco y algunos que echaron raíces cuando los pusieron de cerca y ya tenían hojitas verdes y hasta estaban floreando. Preguntamos donde había una tienda a unos jóvenes que andaban por ahí jugando fútbol, muy amables pero sorprendidos por ver extraños nos dieron las indicaciones necesarias “en la esquina da vuelta a la izquierda y es donde está una camioneta negra”.

Compramos algunas cosas y nos dispusimos a seguir por la ruta que con suerte nos llevaría hasta el cerro de la Jococa justo en medio del desierto. Vimos muchas liebres por el camino, luego nos decidimos a salir del camino por otro que estaba en lo plano del desierto, era suelo agrietado y seco, al avanzar, las llantas de la camioneta hacían crujir el suelo. Era una muy buena superficie para rodar, totalmente plana, sin bordos, ni piedras, ni baches, absoluta libertad para trasladarse en cualquier dirección hasta que llegas a una cerca… Road Runnin Video

Nos tomamos la libertad de abrir la cerca para avanzar (cuidando de volverla a cerrar bien para que no escapen los animales). Por fin logramos ver un cerro en medio del desierto y nos dirigimos a el, lamentablemente estaba dentro de otra cerca y buscamos por donde darle la vuelta pero al parecer no se podía. Así que al encontrar una puerta para cruzar, lo hicimos y por fin llegamos al cerro.

Y que encontramos? Cactus, piedras, gobernadora, vacas, liebres, cuervos, lagartijas, fósiles, silencio, calor del sol, luz de la luna y silencio…

El silencio del tipo que te deja escuchar todo lo que no puedes escuchar en la ciudad. La respiración de Cinthya, los saltos de los insectos, el aletear de las aves en lo alto…

El calor del desierto es intenso, el polvo sofocante, sorprende la capacidad de los animales para adaptarse. Las vacas comen pencas de nopal.

Hace muchos años el río Nazas llenaba esta laguna y convertía el desolado “desierto total” en un “oasis precario”. El agua llegaba con peces y atraía venados, garzas, patos, y multitud de animales. También humanos, los que vivían de andar por el desierto para subsistir, podían asentarse por mas de un mes alrededor del espejo de agua gigantesco. Y dejaron vestigios por toda la zona. Dejaron sus muertos descansando en cuevas por todas las sierras cercanas, dejaron símbolos tallados en las piedras de los cerros que formaban islotes en la laguna y también dejaron pinturas misteriosas que añoramos descifrar.

Esa cultura se perdió, con todo su conocimiento del desierto que les sirvió por miles de años y que les ayudó a resistir la invasión española por decenas de años. Sorprendieron con su estatura, fortaleza y capacidades que parecían sobre-humanas para trasladarse y subsistir en su tierra. Para ellos era fácil, si hasta los niños sabían como sacar agua de las pencas (como ahora lo hacen las vacas). Eran uno con su entorno y su entorno los protegía. En lugar de superioridad tecnológica y táctica los españoles aprendieron que no podían ganar al que nunca se rinde. Los españoles decidieron desistir, luego volver y tratar de engañar y hasta envenenaron los nacimientos de agua donde sabían que los locales conseguían agua de vez en cuando. Irritilas, Mayranas y más grupos nómadas recolectores-cazadores-pescadores fueron los únicos que hicieron del desierto lagunero su hogar, sin destruirlo.

Los bosques de mezquite ya no están, las aves ya no llegan a descansar, los venados no tienen a que venir y el río está atrapado, esperando el día en que volverá a entregar generoso sus aguas a donde más se necesitan.