Como entrenar a tu Rocco parte 2: Guardianes del parque

El problema era que mi perro resguardaba su comida de forma exagerada y a veces atacaba mi zapato casi al terminar de alimentarlo.

Para resolver el problema, recurrí a intentar alimentarlo durante los paseos por la mañana y por la tarde.

A los 14 días logramos no tener incidentes de ataque a mis zapatos, ni de “congelarse” y ponerse serio.

Todas las mañanas muy temprano, me levanto agarro mi mochila de pasear perros; donde tengo todas las cosas que necesito para pasear un perro: correa, collar, bolsa con 3 tazas de comida, bolsita de premios con una taza de comida, clicker, bolsas para popó, 2 metros de cuerda de 9mm y un mosquetón.

El proceso:

  1. Levantase y ponerse ropa y zapatos de acuerdo al clima.
  2. Tomar la cuerda de dos metros de la mochila y hacer un cinturón haciendo un nudo bowline para amarrar la cintura y poner un nudo simple con haza en una punta para poder amarrar ahí la correa del perro con el mosquetón.
  3. Salir a con Rocco, poner la mochila sobre la mesa de afuera para sacar el collar, la correa, el clicker y la bolsita de premios.
  4. Esperar a que Rocco se calme y se siente para ponerle el collar y la correa.
  5. Salir a la calle y comenzar a darle comida poco a poco cada vez que hace algo que yo considero que está bien.

Si el perro me espera y me mira, hago un clic y le doy comida. Si el perro se sienta cuando hago la señal de sentarse, hago clic y le doy comida. Si el perro se espera sentado tranquilo mientras pongo más comida en la bolsita de premios, al terminar hago clic y le doy comida.

Así vamos caminando y dejando marcas de olor por todo el parque (nuestro parque ahora). Un día alguien arrojó una botella de vidrio desde afuera de la barda perimetral de la colonia y los dos salimos corriendo hacia donde se escuchaba que estaban las personas que lo hicieron. Se escucharon como niños y los asustamos. Ya que se fueron, seguimos renovando las marcas de olor de nuestro parque.

Empece a leer lo más rápido que pude el libro “Aggression in Dogs – Practical Management, Prevention & Behaviour Modification” escrito por Brenda Aloff. Aprendí que el primer paso era establecer una Marcador de Gratificación (lo que ya estaba haciendo con el clicker), un Marcador de No Gratificación. Esto me ayudaría a establecer un sistema de comunicación con Rocco. Así lo hemos estado haciendo y de pasada también le enseñé a acostarse.

Ya pasaron cinco semanas y Rocco hasta ahora se ha calmado muchísimo, incluso mientras estaba haciendo cuentas para saber cuantas semanas han pasado desde la última vez donde escribí sobre el problema de Rocco, me sorprendí porque ha mejorado tanto que pensé que ya habían pasado unos dos meses. Rocco ya sabe que un clic significa comida, y si hago el sonido “um-um” sabe que no le voy a dar comida y tiene que intentar algo más. También ya sabe acostarse cuando digo “abajo”, cuando voy caminando y el me sigue, se sienta en cuanto me detengo… Todo esto lo ha aprendido en un mes, sacándolo todos los días al menos una hora. Los dos hemos aprendido mucho y el ha logrado comer sin estrés.

Hoy hubo una lección de última hora…  habíamos ido al parque a hacer lo de siempre y a practicar que Rocco me ponga “atención” (cuando me mira a los ojos le hago clic y le pago con su comida), trato de distraerlo moviendo la comida en mi mano y la única forma de que obtenga esa comida es mirándome a los ojos. En fin ya habíamos regresado a la casa y estábamos afuera trabajando con la última bolsa de comida y de repente se me ocurrió tratar de hacerlo que se sentara derecho empujando su cadera con mi pie… lo hice una vez y se sentó derecho, me miró a los ojos (clic y pagué). Volvimos a intentarlo, se sentó de lado y trate de acomodarlo con el pie, no se acomodó, empujé de nuevo y nada, cuando quise hacer mi tercer intento entró en el ciclo de agresión a mi pie, y yo entré en modo “manejo y tratar de minimizar el daño”, de pronto se quedó mirando mi mano por un segundo y perdí una oportunidad de calmarlo, arremetió de nuevo contra mi zapato, Cinthya salió a tratar de ayudarme a distraerlo aplaudiendo y hablandole, me soltó un poco el pié y retrocedí lo que me dejó la correa y arrojé unas pocas croquetas al suelo cerca de el. Se puso a comerlas y cuando terminó le hice la señal de sentarse; se sentó y eso fue todo (clic y pago). Rocco estaba de regreso, como si nada hubiera pasado, como si no fuera el mismo perro que me estaba mordiendo el zapato hace unos segundos. Solo me miraba a los ojos intentando que le diera su clic y su premio. Seguimos con la sesión hasta que se nos terminó la comida.

Un check más a la lista de lecciones aprendidas “no debo empujarlo con el pié” (check!).

En conclusión, en un mes Rocco ha comenzando un camino en el que solo va a mejorar, creo que logramos salir de la espiral auto-destructiva en la que nos tenía el tratar de alimentarlo en un plato.

Dejo aquí una lista de cosas que me han ayudado:

Como entrenar a tu Rocco parte 1 – El problema

El 14 de Mayo de 2018 encontré un perro en la calle. Andaba afuera de mi trabajo; un perro muy bonito y juguetón que a todos andaba siguiendo, pero también bajaba a la calle y se paraba a la mitad esperando jugar con algún carro. No pude ignorarlo por algún motivo y decidí meterme a buscar algo con que amarrarlo (unas agujetas de mis tenis de correr fue suficiente). Ya amarrado le llamé por teléfono a mi esposa para pedirle que si podía llevar un perro perdido a la casa y además que sí podría salirse de su trabajo para llevarlo en la camioneta… Accedió, lo llevamos a la casa y se lo encargamos a Megan que lo recibió muy contenta. Por la tarde después del trabajo les dimos de comer y todo normal. Muchas semanas buscamos a sus dueños, lo paseamos dos veces al día todos los días y por fin me resigne a que no lo estaban buscando y decidí llamarlo Rocco Sifredi porque volteó a verme cuando dije ese nombre. El plan era buscarle un hogar donde pudieran tener un perro de trabajo.

Al día siguiente de llevarlo a casa, por primera vez vimos lo que parecía un pequeño problema. Les servi de comer y Rocco se enojó con su plato y lo atacó. Rego todas las croquetas y prosiguió a comer y de vez en cuando a enojarse con su cola. Así fue varias veces, rompió un plato, compramos otro, le servi el plato poniéndolo dentro de un cajón de madera para que no lo pudiera voltear con la pata. Así comió mas o menos bien un par de días. Hasta que se enfureció suficiente como para levantar el cajón de madera y hacerle unos agujeros con sus dientotes. Todavía no me preocupé, pero ya me comenzó a molestar un poco. Recordé que a JayJay muchos meses le di de comer en el suelo y me pareció buena idea quitar el plato de la ecuación. Le dejé sus croquetas en el suelo y me metí. Otra vez lo escuché gruñendo, ladrando y persiguiendo su cola. Entonces ya se me terminaron los trucos que yo conocía… Había conocido perros que al principio no me dejaban acercarme mientras comían, pero Rocco deja de comer por proteger el alimento.

Comencé a leer y a investigar casos similares y aún no he visto alguno… Rocco es algo peculiar: normalmente es juguetón e inquieto pero si le pones un plato lleno de comida se queda inmovilizado, se le caen hilos de baba, se coloca de modo que el plato quede justo entre sus patas delanteras y debajo de su pecho. Sus músculos de los hombros se tensan y entonces al primer movimiento de su cola grita y trata de morderla (a veces lo logra). Es un perro grande y sus gritos son ensordecedores… Nada lo saca de ese ciclo de gritar y atacar su cola o lo que sea que se acerque a su comida. La verdad me da miedo lo impredecible que parece todo el ritual.

Esas primeras veces que vi todo el ciclo de principio a fin, lo único que se me ocurrió hacer fue tragarme el miedo y comenzar a recoger las croquetas regadas una por una (las que estaban más lejos de él). Al verme juntar las croquetas el se pone a comer todas las que puede lo más pronto posible y poco a poco se las voy poniendo cerca en montones pequeños. Esto no es más que lo único que me queda por hacer una vez que todo se salió de control.

Leyendo libros y posts en internet sobre “resguardo de recursos”, encontre algunas sugerencias y comencé a darle de comer en su plato pero sin soltarlo, todo el tiempo sosteniéndolo y esto me funcionó bien hasta el punto de que comía bien si yo solo sostenía una orilla del plato con la punta de mis dedos. Durante estos ejercicios llegó a tirarme una mordida a la cara que logré esquivar, un par de veces me mordió el brazo sin hacer mucha presión. Solo trataba de asustarme para que no le quitara su plato de comida antes de terminar. Le perdí el miedo a las mordidas y seguimos trabajando. Y entonces llegamos a una variante nueva del problema… Comenzó a atacar mi zapato, gruñendole y mordiendolo… A veces llegó morderlo fuerte, sin lastimarme pero ya se sentía como una mordida de verdad. Recordando las veces que ha sucedido eso, siempre era casi al terminar su comida cuando estábamos cerca de la puerta que da a la calle y casi siempre yo lo veía ponerse “serio”, pero como ya estábamos por terminar el plato trataba de ignorar la señal y terminar pronto las últimas croquetas. De ahí pasamos a darle de comer directo de mi mano, y funcionó igual de bien que lo de sostener el plato, y ya nunca me mordió las manos. Pero, después de un mes los ataques a al pie izquierdo regresaron…

Ya pasaron 9 meses desde que lo encontramos y después de unos cuantos libros más; comenzamos un nuevo ejercicio… Le llevo su comida a sus paseos diarios y se la voy dando a cambio de caminar tranquilo, otro puñito a cambio de sentarse, un poco más por voltear cuando le digo su nombre, hasta que el termina su porción…

Apenas van tres dias, pero en ningún momento se me ha puesto serio y lo veo muy contento y tranquilo, disfrutando su comida sin estrés. Y Eso es todo lo que quiero para el…

Unas fotos que le tomé cuando lo amarre con las agujetas para buscar a su dueño que nunca lo buscó…

Un día normal

En un día normal nos preparamos para acampar, tratando de anticipar nuestras necesidades más básicas y también las de Megan y Rocco (nuestros perros). Salimos rumbo al destino que se nos antoja. En este día normal vamos a acampar en la huasteca, cerca de la Zona Extrema. Al llegar la noche sacamos nuestras lámparas y comenzamos a montar el campamento. Tenemos que amarrar a Rocco y a Megan porque Rocco es nuevo con nosotros y muy aventurero (Megan lo sigue a todas partes). Hay problemas a la hora de comer de los chuchos porque a Rocco le gusta proteger su comida a costa de todo. La noche no es nada fácil. Al estar cerca de la carretera descubrimos que por las noches hay bastante tráfico en la Huasteca. También hay perritos que acostumbran buscar comida; Rocco y Megan se ponen a cuidarnos con muchos ladridos. Los problemas siempre siguen su curso tan imparable como el agua y sólo tenemos que buscar las soluciones. Por la mañana Megan y Rocco despertaron muy tranquilos. Comenzaba a clarear el día a las 6 de la mañana y comenzamos a salir de las garras de los sleeping bags. Nos preparamos algo de comida y el resto de la mañana nos pusimos a escalar muchas rutas fáciles. Solo es un día normal con mi esposa y mis perros.

¿Faltas al trabajo o no?

Por cuestiones fuera de nuestro control nuestras mascotas llegan a enfermarse o pueden llegar a extraviarse. En dichos casos se nos presenta el dilema de postergar el trabajo, escuela u otras obligaciones para poder atender a nuestros compañeros de otra especie. ¿Ustedes que harían ?(encuesta al final)

Alguna vez a mi se me perdió mi perro JayJay, andaba en el parque y se fue a corretear un perro, el perro huyó cruzando la calzada cuando venía un carro a baja velocidad, el perrito perseguido logró cruzar pero a Jay lo chocó el carro, no lo lastimó pero se asustó mucho y corrió más rápido de lo que yo jamás podría. lo seguí por 7 cuadras, y un par de cuadras más le fui siguiendo el rastro con ayuda de gente que lo vio pasar. Llegó el punto en que ya no había gente ni rastro de mi perro. Desesperado regresé corriendo a mi casa para tomar el carro de mi mamá y salir a buscarlo. No lo pude encontrar ese día, ni el día siguiente. Para el tercer día yo estaba desesperado y desamparado por no saber donde quedó mi perro. iba a mi clase de las 8 y regresaba a casa para buscarlo, gritando su nombre por todas las calles y terrenos baldíos donde lo llevaba a pasear por las mañanas y después regresaba a la escuela. Saliendo de mi ultima clase regresaba a casa para cambiarme y salir a buscarlo. Llego el momento en que creí que no volvería a verlo, pero recuerdo como si fuera ayer el momento en que me llamó Jose Carlos (pope) para decirme que parecía que habían visto al Jay frente a su casa (cerca del parque donde lo golpeó el carro). Salí corriendo feliz pero con miedo de que tal vez no fuera mi perro. Al final si era el. Le hable por su nombre, le tomó un par de segundo pero me reconoció. Movió su cola un poco, todavía con su cabeza agachada y me lo llevé cargando a mi casa. Estaba un poco flaco y asustado, pero estaba bien y estaba de vuelta en casa.

A continuación pueden encontrar el enlace para una encuesta corta que se me ocurrió por curiosidad. Solo son 3 preguntas; les pido por favor que se tomen un par de minutos para contestar. (sus respuestas son anónimas):  ENCUESTA