8 de Septiembre- Narigua

Narigua

 En lo personal, yo no sabía mucho sobre petrograbados…  había visto algunos hace mucho y solo habían llegado a ser una memoria distante. La curiosidad por saber un poco más sobre los antiguos habitantes de los desiertos del sur de Coahuila me llevó a comprender que esas civilizaciones no dejaron muchos indicios de su paso por el desierto. Siendo ese solo hecho una proeza ejemplar en si misma; habitaron el desierto por varios miles de años. En contraste, nuestra cultura en solo 500 años ha dejado un sinfín de cicatrices en las montañas, construcciones por todas partes y basura contaminante en cada rincón al que hemos llegado.

En fin, los antiguos no nos dejaron edificios, ni minas, solo nos quedaron, herramientas líticas (hechas de piedra), paredes de roca pintadas en tonos rojos, cuevas llenas de restos de sus difuntos donde los llevaban para comenzar su último viaje. A demás de eso, nos dejaron figuras talladas en rocas. Gracias a eso; hoy les puedo platicar sobre Narigua (o Narihua). Este lugar se encuentra cerca del municipio General Cepeda, en el ejido Narigua. La mayor concentración de petrograbados se encuentran en la ladera sur de un cerro, muy cerca de un arroyo que logró abrirse paso a través de la sierra.

Al escribir sobre esto, lo hago sabiendo que no hay palabras para describir lo que se siente ir a esta ladera y ver cientos de figuras grabadas en la mayoría de las rocas de esa parte de la montaña. Solo hay que subir un poco, con cuidado de no espinarse. Ya saben, todas las plantas de por acá se defienden y no hay forma de no llevarse unas espinas de recuerdo.

Al llegar al punto indicado en el mapa, encontramos las instalaciones preparadas por el INAH para recibir visitantes y así también ayudar a que los habitantes del ejido cuiden de la zona arqueológica.

Hay unas cuantas techumbres con bancas, mesas y asadores. También hay baños bien acondicionados. Solo hace falta un poquito más de infraestructura para llevar agua más fácilmente ya que ahora les es difícil a los ejidatarios mantener un suministro estable.

Nos dirigimos a la parte más al oriente y comenzamos a ver y tomar fotos de los petrograbados, subimos por la montaña con cuidado encontrando cada vez más figuras de múltiples diseños y temas. Algunos parecen insecto, otros son círculos concéntricos hay unas cuantas líneas ondulantes que son simétricamente opuestas… Hay algunos puntos desde los cuales pareciera que debían ser apreciados los dibujos, se ve como si estuvieran todos orientados hacía el lugar donde estas parado observando. Al subir cada vez mas alto, se logra ver el valle completo… supongo así debieron apreciarlo hace 8,000 años cuando ya se comenzaban a hacer los primeros dibujos en las rocas.

479 palabras… Mejor les dejo las fotografías. ¡Lleven efectivo! La tarifa es de $25 pesos por persona 😊

Antigua Laguna, ahora desierto

Cuando viajas por la carretera federal 40, en la sección entre Paila y Matamoros Coahuila; se puede ver el actual “desierto de Mayran”. Un infinito de tierra, cactus, gobernadora y viento. Si observas con cuidado hasta parece que se puede apreciar la curvatura de la tierra como cuando miras al océano desde la playa.

Antes de dirigirnos a ese misterioso lugar me dí a la tarea de investigar primero cómo llegar y después, si era seguro andar por allá. Nos preocupaban los narcos pero después de andar investigando un rato decidí que parecía seguro. Podíamos ir al pueblo más cercano y ver como estaba el ambiente por allá.

Tomamos la carretera libre de Monterrey a Saltillo, pasando por el libramiento y de ahi a la carretera Saltillo – Matamoros. Antes de llegar a la caseta de cobro “Plan de Ayala” nos salimos para seguir por la carretera libre de cuotas. Un poco más adelante vi un anuncio que decía “Dinosaurios” con un dibujo de un dinosaurio. Se lo comenté a Cinthya y ella gritó “¡vamos!” y yo frené rápidamente espejeando para todos lados y me di reversa unos 10 metros para entrar a la carretera que nos llevaría a “dinosaurios” ese camino nos llevó a un pueblo que se llama “Rincón del Colorado” donde el INAH y la UNAM establecieron un pequeñísimo Museo de Paleontologia. Allí vimos algunos fósiles y fotos de excavaciones que realizaron en la localidad donde encontraron magníficos especímenes que luego se llevaron para exhibirlos en algún museo de la Ciudad de México. Compramos unos cuantos fósiles pequeños a unas niñas y seguimos adelante. Pasamos por un campo eólico muy grande. En Paila compramos unos burritos y llenamos el tanque de gasolina por si las dudas. De ahí seguimos un poco más por la carretera hasta tomar el camino de terracería que llega al pueblo del ejido Talía.

En Talía encontramos un pueblo con calles de tierra muy limpias, con una escuela bonita y ordenada (al menos desde afuera), las calles están bien alineadas y las casa se ven todas muy bonitas con patios grandes cercados con ocotillo seco y algunos que echaron raíces cuando los pusieron de cerca y ya tenían hojitas verdes y hasta estaban floreando. Preguntamos donde había una tienda a unos jóvenes que andaban por ahí jugando fútbol, muy amables pero sorprendidos por ver extraños nos dieron las indicaciones necesarias “en la esquina da vuelta a la izquierda y es donde está una camioneta negra”.

Compramos algunas cosas y nos dispusimos a seguir por la ruta que con suerte nos llevaría hasta el cerro de la Jococa justo en medio del desierto. Vimos muchas liebres por el camino, luego nos decidimos a salir del camino por otro que estaba en lo plano del desierto, era suelo agrietado y seco, al avanzar, las llantas de la camioneta hacían crujir el suelo. Era una muy buena superficie para rodar, totalmente plana, sin bordos, ni piedras, ni baches, absoluta libertad para trasladarse en cualquier dirección hasta que llegas a una cerca… Road Runnin Video

Nos tomamos la libertad de abrir la cerca para avanzar (cuidando de volverla a cerrar bien para que no escapen los animales). Por fin logramos ver un cerro en medio del desierto y nos dirigimos a el, lamentablemente estaba dentro de otra cerca y buscamos por donde darle la vuelta pero al parecer no se podía. Así que al encontrar una puerta para cruzar, lo hicimos y por fin llegamos al cerro.

Y que encontramos? Cactus, piedras, gobernadora, vacas, liebres, cuervos, lagartijas, fósiles, silencio, calor del sol, luz de la luna y silencio…

El silencio del tipo que te deja escuchar todo lo que no puedes escuchar en la ciudad. La respiración de Cinthya, los saltos de los insectos, el aletear de las aves en lo alto…

El calor del desierto es intenso, el polvo sofocante, sorprende la capacidad de los animales para adaptarse. Las vacas comen pencas de nopal.

Hace muchos años el río Nazas llenaba esta laguna y convertía el desolado “desierto total” en un “oasis precario”. El agua llegaba con peces y atraía venados, garzas, patos, y multitud de animales. También humanos, los que vivían de andar por el desierto para subsistir, podían asentarse por mas de un mes alrededor del espejo de agua gigantesco. Y dejaron vestigios por toda la zona. Dejaron sus muertos descansando en cuevas por todas las sierras cercanas, dejaron símbolos tallados en las piedras de los cerros que formaban islotes en la laguna y también dejaron pinturas misteriosas que añoramos descifrar.

Esa cultura se perdió, con todo su conocimiento del desierto que les sirvió por miles de años y que les ayudó a resistir la invasión española por decenas de años. Sorprendieron con su estatura, fortaleza y capacidades que parecían sobre-humanas para trasladarse y subsistir en su tierra. Para ellos era fácil, si hasta los niños sabían como sacar agua de las pencas (como ahora lo hacen las vacas). Eran uno con su entorno y su entorno los protegía. En lugar de superioridad tecnológica y táctica los españoles aprendieron que no podían ganar al que nunca se rinde. Los españoles decidieron desistir, luego volver y tratar de engañar y hasta envenenaron los nacimientos de agua donde sabían que los locales conseguían agua de vez en cuando. Irritilas, Mayranas y más grupos nómadas recolectores-cazadores-pescadores fueron los únicos que hicieron del desierto lagunero su hogar, sin destruirlo.

Los bosques de mezquite ya no están, las aves ya no llegan a descansar, los venados no tienen a que venir y el río está atrapado, esperando el día en que volverá a entregar generoso sus aguas a donde más se necesitan.